Bioculturalidad y turismo en México: cuando el territorio cuenta su propia historia
En México, hablar de turismo sin hablar de bioculturalidad es quedarse a medias. Nuestro país es uno de los territorios con mayor diversidad biológica y cultural del mundo, y esa riqueza no existe de manera aislada: ha sido construida, protegida y transformada por comunidades a lo largo de siglos.
La bioculturalidad nos recuerda que los paisajes que hoy admiramos no son escenarios vacíos, sino territorios vivos donde naturaleza, cultura y economía locales evolucionan juntas. En este contexto, el turismo puede ser una amenaza… o una de las herramientas más poderosas para su conservación, regeneración o evolución.
MÉXICO, UN PAÍS BIOCULTURAL POR NATURALEZA
Desde los sistemas agrícolas tradicionales hasta las cocinas regionales, México es un ejemplo claro de cómo la biodiversidad y la cultura están profundamente entrelazadas:
El maíz no es solo un cultivo: es identidad; los paisajes rurales no son solo “naturaleza”: son resultado del manejo comunitario; la gastronomía no es solo sabor: es territorio, historia y conocimiento. Cuando el turismo entiende esto, deja de explotar y empieza a dialogar con el territorio, aprovecha, optimiza, comparte conocimiento y evoluciona su territorio.
Bajo estas consideraciones, presentamos algunos eemplos mexicanos donde la bioculturalidad se vive (y se visita).
1. LA RUTA DEL MAÍZ Y LA MILPA (OAXACA Y CENTRO DEL PAÍS)
En diversas comunidades de Oaxaca y el centro de México, el turismo rural gira en torno al sistema de la milpa: maíz, frijol, calabaza y chile.
El visitante no solo observa: Aprende técnicas agrícolas ancestrales y cosmogonía local, comprende la relación entre biodiversidad, alimentación, nutición y seguridad alimentaria, participa en procesos comunitarios y aprende a valorarlos.
Aquí, el turismo refuerza la soberanía alimentaria y genera ingresos sin romper el equilibrio territorial.
2. MARIPOSA MONARCA (MICHOACÁN Y ESTADO DE MÉXICO)
Uno de los ejemplos más emblemáticos de turismo biocultural. Aquí, las localidades ejidales no solo resguardan los bosques donde hiberna la mariposa: regulan el acceso turístico, protegen el ecosistema y transmiten conocimiento local.
La conservación del fenómeno natural depende directamente del bienestar comunitario, y el turismo bien gestionado ha sido clave para lograrlo.
3. TURISMO DE CULTURA VIVA EN LA ZONA MAYA (Península de Yucatán)
Más allá de las zonas arqueológicas, existen experiencias donde comunidades mayas ofrecen caminatas interpretativas, medicina tradicional, gastronomía local, uso responsable de cenotes
Aquí, la bioculturalidad se expresa en la lengua, el conocimiento del agua, la selva, el tiempo y nuevamente la cosmogonía de herencia maya que prevalece y que sutilmente puedesentirse, verse y comprenderse si según la disposición del visitante en poner atención y curiosidad sobre detalles que sobresalen y hacen distintas estas experiencias. El turismo funciona cuando respeta ritmos, saberes y límites.
4. ENOTURISMO CON IDENTIDAD TERRITORIAL (QUERÉTARO)
El desarrollo del enoturismo en Querétaro muestra cómo un producto turístico puede crecer sin desconectarse del territorio.
El vino se vincula con un paisaje semiárido, comunidades rurales, gastronomía local y prácticas de sostenibilidad.
El resultado no es solo un destino exitoso, sino un modelo replicable de articulación biocultural.
5. GLAMPING Y TURISMO DE NATURALEZA BIEN ENTENDIDO
Cuando se diseña con sentido territorial, el glamping puede ser una herramienta biocultural.
Casos en Baja California, Oaxaca y el centro del país muestran proyectos que usan materiales locales, se integran al paisaje, generan empleo comunitario y oportunidades de negocio para familias locales, ofrecen experiencias todo incluido ligadas al entorno. Algunos ejemplos para analizar puntualmente podrían ser Destino Mío en la Riviera maya y los glampings del Grupo Chulavista.
Aquí, la sustentabilidad no es discurso: es consecuencia del contexto. El reto: no convertir la bioculturalidad en una etiqueta. Consideramos que el mayor riesgo es usar el concepto como adorno narrativo.
Aprovechar y optimizar la bioculturalidad de los territorios implica acciones de planeación territorial, participación comunitaria real, pensar en beneficios económicos compartidos, el establecimiento de límites claros al crecimiento, la construcción de indicadores sociales y ambientales, entre otras cosas.
No todos los proyectos turísticos están listos para esto, pero muchos pueden transitar hacia modelos más conscientes.
TURISMO CON SENTIDO DE TERRITORIO
El futuro del turismo en México no está en competir por volumen, sino en diferenciarse por identidad.
La bioculturalidad no es una tendencia pasajera, es una forma de entender el desarrollo turístico desde el territorio, la gente y la vida que lo sostiene.
Porque cuando el turismo cuida la relación entre cultura y naturaleza, no solo atrae visitantes: construye futuro.
Además, no existe forma más eficiente de quedar en la memoria de nuestros clientes, que estar enamorado de lo que le presentamos, y para estar enamorados de nuestro territorio requerimos conocer, comprender y fortalecer, conservar o regenerar todo aquello que nos representa y nos hace sentir orgullosos.
Marcel Proust decía: "El genuino viaje del conocimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirar con otros ojos"
Te dejamos con esta idea par que voltees a mirar tu territorio con otros ojos y atención pon en cosas que etán allí y esperan que las conozcas para que las puedas presumir a todos tus clientes y visitantes.






